Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de octubre de 2014

Treinta y cuatro días

No. No fue el desamor, ni el hastío, ni la falta de deseo. No fue la distancia, no. No fue el pasar de los días, ni del tiempo. No fue el no tener ya nada que ver. No fue el olvido, ni el no echar de menos.

Siempre nos quedará París...

No fueron las copas, ni los restaurantes caros, ni los ambientes carentes de cualquier interés. Las conversaciones carentes de cualquier interés. No fueron las compañías vacías, insanas, insípidas, incoherentes, in... no.

No fueron las largas melenas, ni los tacones de diez, ni los sujetadores anunciados por aquella actriz. No fueron los ojos de gata, ni las planchas de pelo, ni el láser por doquier. No.

Fue algo más sencillo. Más sencillo que todo eso. Más sencillo que la vida y que sus pensamientos. La cuestión material. La maldita e incuestionable cuestión materia.

Treinta y cuatro días. Sin derecho a la prestación por desempleo. Matrimonio en gananciales. Ni siquiera el subsidio de cuatrocientos veintiséis euros.

Le corresponde nada. A él las copas, los restaurantes caros, las largas melenas, las conversaciones insípidas, el glamour, las putas a la hora de comer... A ella la nada. Treinta y cuatro días. La realidad. La vida. Y la cabra.

lunes, 6 de octubre de 2014

Olvidar(te)

¡Olvídate de mí!

Creo, y por creer sostengo, ya no hay recuerdos que olvidar. Es como si la cabeza hubiese eliminado los últimos seis años. No quedan recuerdos. Ni risas. Ni luz. Sólo vacío. La Nada.

Una puerta (sin pomo) cerrada.

Será la vida que me protege. Para no echar de menos. O para no echar de más. O directamente para no echar.

Buenas noches niños perdidos...

lunes, 29 de septiembre de 2014

Como una uña de gata

Hey, estás aquí. Te echaba de menos. Hacía tiempo que no te veía, que no te dejabas ver. Me encantas. Lo sabes. Cuando no estás... simplemente estoy perdida. Pero hoy, sólo he tenido que mirar, y ahí estabas. Preciosa, radiante, como sólo tú sabes ser. Como sólo tú puedes ser. Un poquito más grande que una uña de gata... Más gordita, que lo necesitamos. ¡Menudo verano nos has dado! Cuán hermosa, cuán despampanante, cuán cerca te hemos tenido...

Pero lejana siempre. Como sus besos, sus caricias... sus ese rozar sus labios con los míos... Te he echado de menos. Y yo a ti. Enrojecer, esconderse tras las gafas de sol y huir. Ausencia. Es todo lo que queda. Vagos recuerdos. Aún quedan. Emergen, como objetos que flotan, tras el naufragio. A veces incluso hasta te echo de menos. Ahora.

¿No te he dicho que te quiero?
Pues te quiero.
¿Me quieres?
Siempre.